Proyectos emblemáticos de El Pahuichi, como Divino Niño y las fases de Pentaguazú, se sitúan estratégicamente en el corazón de este corredor de crecimiento.
27/01/2026 17:52
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Lo que hace dos décadas eran terrenos a $1.500, hoy son activos valorados por encima de los $13.000. Analizamos cómo la infraestructura estatal y privada ha convertido a esta zona en el epicentro de la plusvalía regional, donde la visión de largo plazo ha premiado a los primeros inversores.
Hace 24 años, cuando El Pahuichi comenzó a trazar sus primeras líneas sobre el mapa de Santa Cruz, hablar de una "metrópoli en el Norte" parecía una utopía. En aquel entonces, invertir en esa zona era considerado por muchos una apuesta de fe arriesgada. Sin embargo, el tiempo ha dado la razón a quienes tuvieron visión. La evolución del precio del suelo en este sector es, hoy por hoy, el indicador financiero más contundente de la región: lotes que en los inicios de la empresa se comercializaban desde apenas $1.500, hoy ostentan un valor base de mercado que supera los $13.944.
Este salto exponencial en la valoración no es producto de la especulación, sino de la consolidación tangible de un ecosistema urbano impulsado por megaproyectos estratégicos. La zona ha dejado de ser periferia para convertirse en un nuevo polo de desarrollo gracias a la autopista Santa Cruz – Warnes, la plena operatividad del Parque Industrial Latinoamericano (PILAT) y la inmensa proyección de la Nueva Santa Cruz Ciudad Inteligente. Estas obras han inyectado una dinámica comercial e industrial que garantiza que la tierra no solo mantenga su valor, sino que siga subiendo.
Proyectos emblemáticos de El Pahuichi, como Divino Niño y las fases de Pentaguazú, se sitúan estratégicamente en el corazón de este corredor de crecimiento. Ubicados a solo 30 ó 40 minutos del 4to Anillo, estas urbanizaciones ofrecen mucho más que un pedazo de tierra; ofrecen conexión vial directa y acceso a servicios básicos para quienes buscan rentabilizar su inversión.
Para el inversor actual, el mensaje es claro: el Norte ya no es una promesa, es una realidad consolidada. Adquirir un terreno en proyectos como Divino Niño hoy, significa entrar en un mercado maduro, con una plusvalía asegurada por la infraestructura circundante y la demanda habitacional constante. Lo que hace dos décadas fue intuición, hoy es la decisión financiera más lógica para blindar el patrimonio en la zona de mayor expansión de Bolivia.
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