Bares icónicos que operaron por décadas cierran sus puertas tras una estricta medida municipal que marca el fin de la era laica en la capital Siria. Mientras algunos celebran la "protección de la moral", otros denuncian un retroceso hacia el conservadurismo extremo que pone en jaque al turismo y la libertad personal.
23/03/2026 18:00
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La capital de Siria, conocida históricamente por su vibrante vida nocturna y su espíritu cosmopolita, atraviesa una transformación que paralizó las redes sociales y los cafés de la ciudad. Las autoridades municipales de Damasco prohibieron oficialmente la venta de alcohol en gran parte de la metrópoli, una decisión que cayó como un balde de agua fría para dueños de negocios y ciudadanos que veían en la apertura de bares y restaurantes un símbolo de la identidad laica del país. La medida solo permite la venta en envases cerrados y exclusivamente en barrios de mayoría cristiana, lo que disparó las alarmas sobre un posible aumento del sectarismo.
La controversia escaló rápidamente debido al cambio de régimen ocurrido a finales de 2024. Durante décadas, bajo la familia Assad, el nacionalismo se impuso sobre las normas religiosas, permitiendo una convivencia donde el consumo de alcohol era parte de la normalidad urbana. Sin embargo, el nuevo gobierno interino, liderado por Ahmed al Sharaa y con raíces en el conservadurismo de la región de Idlib, parece estar virando el rumbo. Aunque Al Sharaa prometió que Siria no se convertiría en un nuevo "Afganistán", restricciones recientes como la prohibición de maquillaje en funcionarias o el veto a hombres trabajando en tiendas de ropa femenina sugieren una tendencia que muchos califican como una intervención preocupante en la vida privada, según informa el portal DW.
En el ámbito digital, las posturas están totalmente divididas y los debates son agrios. Por un lado, sectores conservadores apoyan la medida bajo el argumento de proteger a la juventud de "influencias occidentales corruptas" y fortalecer los valores islámicos de la mayoría. Por el otro, activistas y profesionales del sector servicios advierten que este es un golpe mortal para una economía ya devastada por la guerra. La pérdida de cientos de empleos en hostelería y el desincentivo para el turismo extranjero son las principales preocupaciones de quienes ven en esta prohibición un muro invisible que aísla a Siria del resto del mundo.
Para muchos sirios, el alcohol es solo la punta del iceberg. La verdadera preocupación radica en lo que simboliza: una lucha por el alma de la nación entre la teocracia y el laicismo. Mientras algunos ciudadanos consideran que el debate es frívolo frente al hambre y la crisis económica post-guerra, otros sostienen que la libertad personal es la base de cualquier reconstrucción social. La tensión ha llegado a tal punto que diversos sectores ya han alzado la voz pidiendo la dimisión de las autoridades locales, temiendo que estas "normas de decencia" sean solo el primer paso hacia un control social mucho más estricto y asfixiante.
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