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En el Día Mundial de la Vida Silvestre promueven la miel de Charagua para conservar los bosques

Este 3 de marzo, Día Mundial de la Vida Silvestre, es una oportunidad para reconocer cómo el bosque y la biodiversidad sostienen la vida y el bienestar de las comunidades.

03/03/2026 22:02

Santa Cruz

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En el corazón del Chaco, don Eliberto Vásquez lleva siete años transformando su respeto por la naturaleza en miel. Con paciencia artesanal, custodia 18 colmenas a las que cuida como a su propia familia: las abriga del frío y las alimenta cuando el monte flaquea. Para él, sus abejas no son solo sustento, sino compañeras vitales en la misión de preservar el ecosistema.

“Antes, para sacar miel cortábamos troncos con hacha y retirábamos las colmenas de los árboles, sin imaginar cuánto esfuerzo requería cuidar a las abejitas”, recuerda don Eliberto. Hoy en día, la extracción de miel se realiza en apiarios, siguiendo buenas prácticas de manejo que abarcan todo el proceso: desde la producción hasta la cosecha y la transformación. Uno de estos pasos, con la ayuda de una centrifugadora, separa la cera de la miel, obteniendo un producto prácticamente libre de impurezas. Luego, la miel se envasa en recipientes adecuados y esterilizados, garantizando su pureza y calidad.

El desarrollo de cadenas productivas como la de la miel, que valorizan el bosque en pie, contribuye a la conservación de los ecosistemas, a la mitigación del cambio climático y al fortalecimiento de la gestión de las áreas protegidas, al tiempo que mejora las condiciones de vida de las familias que habitan en estos territorios. En este marco, Fundación Natura Bolivia impulsa el aprovechamiento responsable de productos forestales no maderables como una herramienta estratégica de desarrollo sostenible.

Henry Bloomfield, director técnico adjunto de Fundación Natura Bolivia, destaca la importancia de este enfoque para la gestión territorial: “El aprovechamiento sostenible de la miel nos permite aportar directamente a la gestión y sostenibilidad de las áreas protegidas, al mismo tiempo, fortalecer los medios de vida de las familias guaraníes”. Añade que la institución trabaja en el fortalecimiento organizativo de los productores y en el acompañamiento técnico para que la cadena productiva consolide su proceso de comercialización.

La miel que producen es reconocida por su pureza: puede ser clara u oscura, según la floración del bosque, y conserva un sabor único, propio del monte chaqueño y alejado de cualquier contaminación. En cada cosecha —que se realiza entre agosto y abril— obtienen entre 16 y 25 kilos por caja, suficiente para sustentar la economía de la familia y mantener vivo un emprendimiento que crece con esfuerzo y dedicación.

“Antes solo sabíamos sacar miel del monte, ahora entendemos que debemos producir con calidad y cuidar el bosque —dice don Eliberto—. Las abejas viven de los montes y del agua, y si queremos que haya miel para el futuro, tenemos que protegerlos”.

La señora Rosa es presidenta del grupo de mujeres productoras de miel de San Lorenzo y una de las integrantes más activas de la Asociación Eirenda, cuyo nombre en guaraní significa “lugar de la miel”. Participó de manera destacada en las capacitaciones para la transformación de la miel y hoy lidera un grupo de mujeres que se reúnen regularmente para desarrollar nuevos productos a partir de lo que ofrece la colmena.

Rosa forma parte de esta asociación cuyos miembros viven y producen dentro del Área Guaraní de Manejo del Agua Ɨrenda, que en guaraní significa “lugar del agua”  esta área provee de agua a 41 comunidades y se constituye en su fuente de vida. Esta conexión refleja la esencia de su trabajo: mientras elaboran miel de calidad, protegen el bosque y las fuentes de agua que sostienen la vida.

Con este grupo de mujeres se dio un primer paso para evaluar su respuesta a los procesos de transformación. Como explica la coordinadora de cadenas de valor, Lourdes Céspedes: “Nuestro objetivo es que cada mujer descubra el valor de lo que puede crear por sí misma, más allá del producto final”. Por eso, desde la planificación institucional se ha priorizado seguir trabajando con ellas para que puedan agregar mayor valor a todo lo que produce la colmena. Céspedes cuenta que inicialmente solo producían miel, propóleo y algunos productos básicos como jabones. En un primer taller de capacitación desarrollaron siete productos nuevos y lo más importante es que ya están aplicando y replicando lo aprendido.

Aunque la comercialización sigue siendo un desafío, la Asociación Eirenda confía en que la combinación de organización comunitaria, capacitación y la alta calidad de su miel abrirá nuevos mercados. Así, entre la dulzura de la miel y la fuerza de la naturaleza, los miembros de Eirenda muestran que producir, mantener las tradiciones y conservar el bosque pueden ir de la mano.

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