Expertos explican por qué esta emoción puede deteriorar las amistades y afectar la salud emocional, especialmente en tiempos de competencia permanente y redes sociales.
09/02/2026 15:53
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Sentir envidia entre amigos es más común de lo que se admite. Aunque suele esconderse detrás de sonrisas y felicitaciones, esta emoción puede debilitar vínculos cercanos e impedir disfrutar sinceramente los logros compartidos.
Desde la filosofía hasta la psicología moderna, la envidia ha sido objeto de estudio. En The Harvard Gazette se recuerda una frase del escritor Gore Vidal que resume esta contradicción humana:
“Siempre que un amigo triunfa, una parte de mí se apaga”.
Hoy, especialistas como la psicóloga Jennifer Lerner, profesora en la Kennedy School de la Universidad de Harvard, analizan cómo esta emoción surge y, sobre todo, cómo puede transformarse en una oportunidad de crecimiento personal.
¿Por qué surge la envidia entre amigos?
La envidia no es un fenómeno nuevo. Ya Aristóteles advertía que aparece cuando el éxito ajeno se percibe como un reflejo de nuestras propias carencias.
Según Lerner, la ciencia la define como un “estado desagradable de inferioridad, resentimiento y hostilidad”.
A diferencia de otras emociones pasajeras, la envidia puede persistir en el tiempo. No solo se manifiesta como deseo de tener lo que otro posee, sino también como una satisfacción oculta ante su fracaso.
Este fenómeno, conocido como schadenfreude, explica por qué algunas personas experimentan placer cuando alguien cercano tropieza. Aunque parezca inofensivo, con el tiempo puede dañar profundamente la relación.
Redes sociales: el combustible de la comparación
Compararse con los demás es parte natural del ser humano. Sin embargo, hoy esta tendencia se ve amplificada por las redes sociales, donde se muestran constantemente éxitos, viajes, premios y momentos felices.
En entornos altamente competitivos, como universidades o espacios laborales exigentes, este efecto se intensifica. Ver triunfos ajenos a diario puede generar la sensación de quedarse atrás.
Según The Harvard Gazette, este contexto fomenta una “mentalidad de suma cero”: si otro gana, yo pierdo.
Para Lerner, esta forma de pensar distorsiona la realidad y dificulta valorar los logros propios.
Cómo transformar la envidia en crecimiento
La especialista sostiene que la envidia no es un destino inevitable. Existen formas de gestionarla y convertirla en una herramienta positiva.
El éxito de un amigo no es una amenaza, sino una señal de que el grupo progresa. Cuando alguien cercano triunfa, abre caminos y oportunidades para todos.
“Cualquier avance en la literatura es, en última instancia, un avance para todos”, señala Lerner.
En lugar de mirarse en el espejo de los demás, recomienda observar el propio recorrido: cómo eras antes y cuánto has avanzado.
Esta mirada fortalece la autoestima y reduce la frustración.
Lerner, quien vive con lupus desde joven, aprendió a enfocarse en lo que ha superado. Para ella, poder trabajar y desarrollarse ya es motivo de gratitud.
Recordar obstáculos vencidos ayuda a reconocer el propio mérito.
Detrás de cada éxito hay sacrificios, fracasos y perseverancia. Comprender ese proceso permite alegrarse genuinamente por los logros de otros.
De la envidia a la celebración compartida
Aceptar que la envidia existe es el primer paso para gestionarla. Negarla solo la fortalece.
Cuando se reconoce, se analiza y se transforma, deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad para crecer emocionalmente.
Aprender a celebrar el éxito ajeno, valorar el propio camino y agradecer los avances personales permite construir amistades más sanas, auténticas y duraderas.
Porque al final, el verdadero triunfo no es competir con quienes queremos, sino caminar juntos.
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