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Punch no está solo: el antecedente que conmueve al mundo

El zoológico de Ichikawa aclaró el proceso de crianza de Punch y reveló un antecedente que cambia por completo la conversación: el pequeño no ha sido el único en crecer abrazando un juguete.

27/02/2026 12:31

El peluche cumple una función clave en la crianza artificial de un macaco. Foto archivo: Zoológico de Ichikawa
Mundo

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La imagen de Punch, un macaco japonés aferrado a un peluche, dio la vuelta al mundo y desató críticas en redes sociales. Sin embargo, según un reporte de Univisión, el Zoológico y Jardín Botánico de la Ciudad de Ichikawa, en Japón, aclaró que el uso del juguete forma parte de un protocolo de crianza artificial orientado a la reintegración del animal a su manada.

Punch fue abandonado por su madre y actualmente es criado bajo supervisión especializada. De acuerdo con el comunicado del zoológico  el peluche cumple una función clave: simula el contacto materno y evita que el pequeño genere una dependencia excesiva hacia los humanos.

El proceso comenzó el 19 de enero de 2026, cuando el macaco empezó a interactuar gradualmente con el grupo en la llamada “montaña de monos”.

Primero hubo contacto visual a través de cercas, luego encuentros supervisados y, finalmente, convivencia con una hembra joven que mostró conductas amistosas. Solo tras confirmar que podía relacionarse sin intervención constante, se avanzó hacia su integración.

Pero Punch no es el primero en atravesar este proceso.

El antecedente de Otome

Univisión recuerda el caso de Otome, una cría hallada sola en 2008 dentro del mismo recinto. Pesaba cerca de 500 gramos y presentaba algunos rasguños. Fue puesta en incubadora y criada con fórmula. Como Punch, necesitaba aferrarse a algo: primero fueron toallas y luego un gran oso amarillo que se convirtió en su refugio.

La crianza artificial implica un delicado equilibrio. Si el apego humano es excesivo, el animal puede desarrollar miedo hacia su propia especie y ser rechazado por la manada. Por ello, el contacto con cuidadores se redujo progresivamente mientras se fomentaban interacciones con otros monos nacidos ese mismo año.

El resultado fue exitoso: Otome se integró por completo, tuvo cuatro crías y logró criarlas sin asistencia. Con el tiempo, el oso dejó de ser necesario.

Un puente hacia la reintegración

Hoy Punch sigue abrazando su peluche cuando siente miedo o busca consuelo, pero especialistas del zoológico sostienen que se trata de una etapa transitoria. La experiencia de Otome demuestra que el juguete no es un símbolo de abandono permanente, sino una herramienta temporal para facilitar el desarrollo emocional y social.

Como señala el informe de Univisión, más allá de la imagen que conmueve en redes, el objetivo final es claro: que Punch encuentre su lugar definitivo en la manada y, algún día, ya no necesite el peluche para sentirse seguro.

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