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“Solovino”: El perro callejero que se convirtió en el "jefe" de una gasolinera en México

Trabajadores de una estación de servicio en Toluca adoptaron a un can abandonado, lo uniformaron y ahora es el "empleado" más solicitado por los clientes.

02/02/2026 18:39

“Solovino”: El perro callejero que se convirtió en el "jefe" de una gasolinera en México. Foto: captura de video Antena 125.
Toluca, México

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En la intersección de Paseo Tollocan y Pino Suárez, en el Estado de México, el servicio de combustible tiene un protagonista inesperado. Se llama Solovino, un perro de pelaje miel y negro que pasó de la incertidumbre de la calle a ser un miembro oficial de la plantilla de una gasolinera local.

De visitante ocasional a trabajador con uniforme

La historia de Solovino comenzó hace apenas quince días, cuando apareció de la nada en la estación de carga. Lo que inicialmente parecía ser una parada temporal se convirtió en una estancia definitiva gracias al carácter dócil del animal.

"Pensamos que iba a ser agresivo, pero no. Hasta con los clientes anda ahí" explica Guillermo, uno de los despachadores. Conmovidos por su lealtad, los trabajadores no solo le proporcionaron agua y alimento, sino que decidieron integrarlo plenamente al equipo: le confeccionaron un uniforme a medida, que incluye una camisola y una pequeña corbata, similar a la que portan sus colegas humanos.

 

 

Un servicio de 24 horas con "pago" en caricias

Solovino no recibe un salario, pero ha encontrado algo más valioso: un hogar y una familia. El can cuenta con su propia cama en la estación y acompaña a los trabajadores en los turnos de 24 horas, vigilando los depósitos y recibiendo a los automovilistas.

Para los clientes, encontrarse con Solovino es ahora parte de la rutina de viaje. Muchos bajan de sus vehículos no solo para cargar combustible, sino para tomarse fotografías con el famoso "perrito despachador", quien se ha convertido en un símbolo de amistad y solidaridad.

El gesto de los trabajadores de Paseo Tollocan es visto como un ejemplo de cómo la empatía ciudadana puede transformar realidades. "Se empezó a quedar con nosotros, solo cuidando que no lo atropellen. Uno de los compañeros fue quien le dio el uniforme" relató José Luis, otro de los empleados que ahora comparte su jornada con el can.

Hoy, Solovino ya no es un perro sin rumbo; es el vigilante más querido de Toluca, demostrando que, a veces, la familia se encuentra en el lugar menos esperado: junto a una bomba de gasolina.

 

 

 

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