El delantero iraquí marcó el gol decisivo ante Bolivia y selló una historia de superación marcada por la guerra, la pérdida y la esperanza.
02/04/2026 19:02
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La clasificación de Irak al Mundial 2026 tiene nombre propio: Aymen Hussein. El delantero se convirtió en el héroe de su país al anotar el gol que eliminó a Bolivia y aseguró el regreso de Irak a una Copa del Mundo tras 40 años de ausencia, en una historia que trasciende el fútbol.
Nacido en Hawija, Irak, la vida de Hussein estuvo marcada desde muy joven por la violencia. En 2008, cuando apenas tenía 12 años, su padre —oficial del ejército iraquí— fue asesinado en Bagdad por un terrorista de Al Qaeda mientras cumplía con su deber. Años más tarde, la tragedia volvió a golpear a su familia cuando el grupo extremista ISIS tomó su ciudad, destruyó su hogar y secuestró a su hermano, quien trabajaba como policía. Hasta hoy, su paradero sigue siendo desconocido.
Forzado a vivir como desplazado junto a su madre, Hussein encontró en el fútbol una salida, una forma de resistir y salir adelante. Su capacidad goleadora le valió el apodo de “Abu Tubar”, el hombre del hacha, por su contundencia dentro del área.
Su camino al reconocimiento internacional comenzó a consolidarse en 2016, cuando anotó el gol que llevó a Irak a los Juegos Olímpicos de Río. Diez años después, volvió a escribir su nombre en la historia al marcar el tanto que clasificó a su selección al Mundial 2026, devolviendo la ilusión a todo un país.
Más allá de los números, Aymen Hussein representa la resiliencia de una nación que ha sufrido el impacto de la guerra, pero que encuentra en el deporte una razón para seguir adelante. Su historia no es solo la de un goleador, sino la de un símbolo de lucha, esperanza y superación.
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