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Cómo el apego emocional influye en la pareja, la amistad y la vida afectiva

Lo mismo ocurre al momento de establecer amistades y relaciones cercanas, donde se ponen en juego la confianza, la dependencia emocional y la forma de regular las emociones.

17/03/2026 14:09

Unifranz Online: Cómo el apego emocional influye en la pareja, la amistad y la vida afectiva.
Bolivia

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La manera en que las personas se vinculan emocionalmente en la juventud y adultez no surge al azar. Gran parte de nuestras reacciones afectivas, la forma en que manejamos la intimidad, el conflicto o el miedo al abandono, tienen su origen en los primeros vínculos de la infancia. La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y Mary Ainsworth, ofrece uno de los marcos más sólidos para comprender por qué amamos, sufrimos y nos relacionamos cómo lo hacemos.

Tatiana Montoya, docente de la carrera de Psicología y miembro de la Jefatura de Enseñanza y Aprendizaje (JEA) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), explica que “el apego es un concepto que se ha ido desarrollando durante los años. Bolby y Ainsworth, que son dos investigadores, lo han desarrollado. Es una vinculación que uno tiene cuando es niño con un cuidador primario que le da cierta seguridad para después confiar en el resto de personas”.

Este vínculo inicial no solo cumple una función protectora en la infancia, sino que se convierte en un patrón emocional que acompaña a la persona a lo largo de su vida. “Entonces, el apego de inicio infantil va a influir de manera significativa, sobre todo cuando uno elige pareja, por ejemplo”, señala Montoya.

Lo mismo ocurre al momento de establecer amistades y relaciones cercanas, donde se ponen en juego la confianza, la dependencia emocional y la forma de regular las emociones.

Desde la psicología se identifican distintos tipos de apego. El apego seguro es aquel que permite vínculos estables, comunicación abierta y una gestión saludable de los conflictos. Estudios recientes muestran que las personas con apego seguro presentan mayor capacidad de reevaluación cognitiva, menor ansiedad relacional y mayor satisfacción en pareja.

Montoya destaca que “el apego seguro es el que nos ayuda a funcionar bien en las vinculaciones que tengamos, en las relaciones que tengamos”. En contraste, los estilos de apego inseguros —ansioso, evitativo y desorganizado— suelen generar mayores dificultades emocionales.

“Tenemos también el apego ambivalente, el apego ansioso, el desorientado (o desorganizado). Cada uno de estos ya son patológico”, explica la académica. El apego ansioso se caracteriza por el miedo constante al abandono, la necesidad excesiva de validación y la hipervigilancia emocional.

Investigaciones recientes lo asocian con altos niveles de estrés, rumiación y dependencia afectiva, aunque Montoya aclara que “el apego ansioso generalmente se puede trabajar muy bien en terapia”.

El apego evitativo, por su parte, se manifiesta como una aparente autosuficiencia emocional y dificultad para comprometerse. Las personas con este estilo suelen sentirse incómodas ante la intimidad y tienden a tomar distancia cuando el vínculo se profundiza. El apego desorganizado, el más complejo, combina ansiedad y evitación, y suele estar vinculado a experiencias tempranas de trauma, generando relaciones inestables y una regulación emocional deficiente.

Todos estos estilos influyen directamente en la vida emocional. “Estos van a marcar mucho la vida emocional, la vinculación y en la interacción que tenemos con el resto de seres humanos, pero sobre todo con la pareja y con los amigos más cercanos”, enfatiza Montoya.

Ansiedad, depresión, irritabilidad o dificultad para tomar decisiones son algunas de las consecuencias cuando el apego no se ha trabajado de manera consciente.

La buena noticia es que el apego no es una condena permanente. Desde distintas corrientes psicológicas se trabaja para desarrollar lo que se conoce como “seguridad ganada”. “El apego emocional se trabaja. En realidad, varias corrientes y escuelas de psicología trabajan el apego emocional”, explica la docente. Enfoques como el psicoanálisis, la terapia sistémica y la cognitivo-conductual coinciden en que el apego atraviesa emociones, pensamientos y conductas.

Entre las estrategias para construir vínculos más saludables, Montoya destaca la importancia de la autonomía personal. “Las estrategias para los vínculos emocionales saludables tienen que ver primero con la seguridad que tiene cada una de las personas”.

Añade que la psicología posmoderna resalta que cuando una persona puede estar sola, tomar decisiones independientes y alcanzar autonomía emocional y económica, se encuentra en un mejor momento para establecer una relación de pareja.

“Tener autoestima alta, un buen autoconcepto nuestro y sobre todo tener inteligencia emocional” es clave para gestionar los vínculos, afirma Montoya. Saber reconocer, regular y expresar las emociones permite romper ciclos disfuncionales y construir relaciones más sanas y funcionales.

Estos tipos de apego actúan como un verdadero mapa emocional que guía las relaciones. Reconocer el propio estilo, trabajarlo en terapia y desarrollar seguridad emocional no solo mejora la vida en pareja, sino también la relación con amigos, familia y con uno mismo. Entender el apego es, en definitiva, una herramienta poderosa para transformar la forma en que sentimos y nos vinculamos con las personas.

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