En plena jornada electoral, el presidente convirtió su voto en un acto de memoria: volvió al lugar donde asesinaron a su amigo y excolaborador, marcando un mensaje contra la corrupción.
23/03/2026 14:36
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En medio del ruido de las urnas y la tensión electoral que define alcaldías y gobernaciones, el presidente Rodrigo Paz eligió un camino distinto antes de emitir su voto este 22 de marzo. No fue directamente a su recinto: se detuvo primero en el corazón de Tarija, en la calle donde el 8 de enero fue atacado a balazos su amigo y colaborador, Mauricio Aramayo.
Allí, donde una motocicleta se acercó a un vehículo y abrió fuego, el mandatario guardó silencio. No hubo consignas ni discursos de campaña. Solo memoria. Solo un recuerdo que, según sus propias palabras, marcó “la primera muerte por la corrupción”.
Aramayo no era un funcionario más. Había acompañado a Paz desde sus años como alcalde, era un hombre de confianza, un aliado en múltiples batallas políticas y, en ese momento, director departamental del Senasag en Tarija. La noche del ataque, el vehículo en el que se encontraba quedó varado en plena vía pública, escena que aún resuena en la memoria colectiva.
La conmoción fue inmediata. Desde el Gobierno se sostuvo que el crimen estaba vinculado a amenazas que Aramayo había recibido por negarse a participar en hechos de corrupción.
En los días posteriores al sepelio —al que el presidente asistió visiblemente conmovido—, la investigación comenzó a revelar detalles inquietantes. El fiscal departamental de Tarija, José Ernesto Mogro, informó que el presunto autor intelectual, identificado como “El Tuerto”, habría pagado 100.000 dólares a los sicarios.
Las pesquisas establecieron que la víctima fue vigilada durante al menos 72 horas antes del ataque, y que los autores materiales serían un ciudadano uruguayo y un boliviano.
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