El objetivo: aislar a los líderes de bandas que, aun tras las rejas, siguen operando desde las sombras.
04/03/2026 14:15
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En un contexto marcado por el avance del crimen organizado, el Ejecutivo uruguayo prepara un golpe estructural contra las cúpulas del narcotráfico. Durante su discurso ante la Asamblea General, el presidente Orsi adelantó que el plan nacional de seguridad —previsto para el primer semestre del año— incluirá la construcción de dos cárceles de máxima seguridad con “estrictos controles” y “tecnología de punta”.
El compromiso es claro: iniciar las obras este año y destinar esos establecimientos a personas imputadas o condenadas por delitos que representen un alto riesgo para la seguridad pública.
Predios militares y aislamiento total
El ministro del Interior, Carlos Negro, detalló en Canal 5 que la intención es construir estos centros dentro de predios militares, específicamente en cuarteles.
“Son para un perfil delictivo alto”, afirmó el jerarca, al referirse a líderes de organizaciones criminales barriales que continúan dirigiendo operaciones incluso estando recluidos.
Negro explicó que el proyecto requiere la participación coordinada de varias instituciones estatales, con un rol clave del Ministerio de Defensa. El objetivo es que las cárceles se levanten dentro de instalaciones militares ya vigiladas, lo que reforzaría las condiciones de seguridad.
Aclaró, sin embargo, que los cuarteles no se transformarán en cárceles. Las nuevas unidades serán construidas dentro de esos predios, con un diseño específico desde su origen para internos de altísimo riesgo.
Traslados rápidos y control extremo
Uno de los criterios centrales será la ubicación estratégica. Según el ministro, los centros deberán permitir un acceso “rápido y seguro” hacia sedes judiciales y fiscalías, para facilitar eventuales traslados.
La lógica es simple pero contundente: impedir la comunicación entre líderes criminales y evitar que sigan dando órdenes desde prisión.
“Se generó una acumulación de líderes criminales en ese lugar y es necesario tomar decisiones estratégicas de reubicación para evitar la comunicación entre estos líderes dentro de las cárceles y hacia afuera”, sostuvo Negro.
Un sistema al límite
Actualmente, el sistema penitenciario uruguayo cuenta con una sola cárcel de máxima seguridad, que —según reconoció el ministro ante el Parlamento— se encuentra “saturada”.
El debate se intensificó tras el caso de Luis Fernández Albín, extraditado desde Argentina en medio de un fuerte operativo. Aunque inicialmente fue enviado al Centro de Ingreso, Diagnóstico y Derivación —una cárcel moderna inaugurada en 2018— su perfil de alto riesgo convirtió ese destino en definitivo, debido a la falta de cupos en máxima seguridad.
“Se ha capturado a un número importante de criminales pertenecientes a bandas organizadas y eso ha ocasionado una saturación de lo que llamamos prisión de máxima seguridad”, explicó Negro ante los legisladores.
Cárceles pequeñas, pero estratégicas
Cada una de las nuevas unidades tendrá capacidad para apenas 50 internos. No se trata de volumen, sino de precisión: concentrar y aislar a los cabecillas más peligrosos del país.
Con esta apuesta, el gobierno busca enviar un mensaje político y operativo: cortar la cadena de mando del narcotráfico desde su núcleo.
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