El patrón de "cortar y volver" no responde a un amor profundo, sino a un ciclo de inseguridad afectiva que deja huellas traumáticas en la memoria de la pareja.
03/03/2026 18:53
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El fenómeno de las parejas intermitentes —aquellas que atraviesan rupturas y reconciliaciones constantes— se ha vuelto una consulta recurrente en la psicología moderna. Según el psicólogo clínico Esteban Azumendi, especialista en Terapia Focalizada en las Emociones, este patrón de "idas y vueltas" no debe entenderse como falta de compromiso, sino como un ciclo de inseguridad y apego.
En estas relaciones, las emociones oscilan violentamente entre la euforia del reencuentro y la profunda tristeza de la separación. Ante la primera frustración, la pareja se aleja porque carece de herramientas para reparar el vínculo, utilizando la ruptura como una "solución extrema" para procesar las crisis, informa el portal TN en un extenso reportaje.
La trampa de la "intensidad adictiva"
Muchos confunden la profundidad del amor con la ansiedad de la intermitencia. Azumendi explica que esta "montaña rusa" puede volverse adictiva debido a la intensidad del ciclo, no necesariamente por la solidez del afecto.
El "mini trauma": Cada corte deja marcas en la memoria de la relación, rompiendo la ilusión de disponibilidad mutua y generando huellas difíciles de borrar.
Falsa Luna de Miel: Aunque el regreso parezca un nuevo comienzo, el riesgo de reincidencia es alto si la conexión cayó al 100% previamente.
Miedo vs. Amor: El especialista señala que a veces se confunde el sentimiento de amor con el miedo a perder el vínculo, cuando el amor real debería ser una exposición segura y serena.
Responsabilidad compartida y nuevos tabúes
Aunque suele haber uno que "levanta campamento" y otro que espera, la dinámica se alimenta de a dos. El experto identifica perfiles claros: desde el que se siente abrumado por las demandas y prefiere irse para no "perder", hasta quien vuelve por coacción o miedo a la soledad.
En la era de las aplicaciones de citas, este comportamiento se ha acentuado. La facilidad para descartar vínculos bajo la premisa de que "si no fluye, no sirve" funciona muchas veces como una anestesia para evitar profundizar en la relación.
El derecho a saber
Finalmente, el informe destaca que preguntar "qué somos" o qué espera el otro se ha convertido en el nuevo tabú por miedo a parecer "intenso". Sin embargo, Azumendi es tajante: saber cuál es el deseo del otro es un derecho básico para construir seguridad emocional.
“Solo es reprochable la falta de honestidad, no la falta de interés”, concluye el especialista, recordando que la clave es fortalecer la seguridad afectiva en lugar de evitar la exposición emocional.
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