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Desencadenantes y hábitos que influyen en la aparición de la migraña

La prevención de la migraña está estrechamente ligada al estilo de vida. Mantener rutinas estables es clave para evitar la aparición de síntomas.

02/04/2026 14:21

Unifranz Online: Desencadenantes y hábitos que influyen en la aparición de la migraña.
Bolivia

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La migraña es una de las afecciones neurológicas más frecuentes y, a la vez, más incomprendida. Lejos de ser un simple dolor de cabeza, se trata de una condición compleja que puede afectar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen. La prevención es una herramienta fundamental para reducir la frecuencia e intensidad de los episodios.

Fernando Siles, docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), sostiene que comprender el origen de la migraña es el primer paso para su control. “La aparición de los episodios de dolor está influenciada por factores genéticos o desencadenantes externos”. Esto significa que cada persona puede tener detonantes distintos, desde el estrés hasta ciertos alimentos o cambios en el entorno.

Entre los factores más comunes se encuentran el estrés, el sueño irregular, la deshidratación, el consumo de alimentos como chocolate, quesos curados o vino tinto, así como la exposición a luces intensas, ruidos fuertes y el uso prolongado de pantallas. En este sentido, llevar un registro o diario de migrañas ayuda a identificar patrones y anticipar crisis.

Mantener hábitos que reduzcan episodios

La prevención de la migraña está estrechamente ligada al estilo de vida. Mantener rutinas estables es clave para evitar la aparición de síntomas. Dormir entre siete y ocho horas diarias, respetar horarios de comida y realizar actividad física moderada al menos cuatro veces por semana contribuyen a estabilizar el organismo.

La hidratación también cumple un rol esencial. Consumir entre dos y tres litros de agua al día ayuda a prevenir la deshidratación, uno de los detonantes más frecuentes. Asimismo, adoptar una alimentación balanceada y reducir progresivamente el consumo de cafeína ayuda a mantener la estabilidad del organismo, disminuir la aparición de síntomas y favorecer un mejor funcionamiento físico y mental.

Siles advierte que ignorar las señales del cuerpo puede agravar la situación. “No es aconsejable ignorar el dolor y continuar con las actividades normales, ya que esto puede empeorar los síntomas”. Por ello, reconocer los primeros signos —como sensibilidad a la luz, fatiga o cambios de ánimo— permite actuar a tiempo.

Controlar el estrés y mejorar el entorno

El manejo del estrés es otro pilar fundamental en la prevención. Técnicas como la meditación, el yoga o la respiración profunda, practicadas entre 10 y 20 minutos al día, pueden reducir hasta en un 30% o 50% la frecuencia de los episodios. Esto se debe a que el estrés es uno de los desencadenantes más reportados.

El entorno también influye directamente. Evitar luces brillantes, ruidos intensos, olores fuertes o cambios bruscos de temperatura previene crisis  de esta afección. El uso de filtros de luz azul en dispositivos electrónicos y la realización de pausas visuales cada 45 minutos son medidas recomendadas en la era digital.

Además, es importante considerar que el cerebro de una persona con migraña es más sensible a los estímulos. Por ello, mantener una rutina constante y evitar cambios bruscos en los hábitos diarios actúa como una especie de “escudo” preventivo.

Evitar la automedicación y buscar orientación

Uno de los errores más comunes es recurrir a medicamentos sin supervisión médica. Siles enfatiza este punto con claridad: “Es de suma importancia evitar la automedicación, porque, en ocasiones, los pacientes pueden confundir un simple dolor de cabeza con una migraña y recurrir a medicamentos antimigrañosos de venta libre, lo cual puede resultar en una menor eficacia de estos fármacos durante un auténtico episodio”.

Además, el manejo integral de la migraña no se limita al tratamiento farmacológico. “Además, el manejo de los desencadenantes, el estilo de vida y la gestión del estrés son importantes para el control de la migraña” sostiene el académico. Esto refuerza la idea de que la prevención debe abordarse desde múltiples frentes.

La migraña no tiene una cura definitiva, pero sí puede ser controlada de manera efectiva. La combinación de hábitos saludables, identificación de desencadenantes y acompañamiento médico permite reducir su impacto en la vida diaria.

Adoptar estas estrategias no solo disminuye la frecuencia de los episodios, sino que también mejora el bienestar general. Más allá del tratamiento, el verdadero cambio comienza en la rutina diaria y en la capacidad de cada persona para identificar aquello que afecta su equilibrio.

 

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